Al fin te encontré
Las personas creen que los lugares importantes se anuncian con carteles ,con luces ,con alguna señal inequívoca de que llegó a destino. Pero no. A veces el silencio es la única señal y te da la bienvenida. La camioneta crujía como si estuviera cansada del largo viaje. Nosotros veníamos con la idea de pasar unos días nada más, mi marido bajo primero estirando las piernas con ese gesto que mezcla alivio y curiosidad, yo? yo me quedé unos minutos más mirando a través del parabrisas el paisaje. Parecía sacado de un libro o tal vez una foto. Las sierras se extendieron frente a nosotros como las olas del mar ,donde terminaba una ola comenzaba otra casi tocando las nubes tan blancas que parecían pintadas, los altos árboles hamacándose con la brisa. El aire olía a tierra húmeda y a leña y la calma que había te invitaba a plantar una reposera para contemplar el paisaje y nada más.
Ustedes pensarán que exagero, que todos los pueblos serranos tienen magia, aunque pienso que es así, también creo que hay lugares que no se explican que hay lugares que se sienten. Íbamos más allá de Villa Yacanto, íbamos hacia un paraje sin nombre en los folletos, pero con unas recomendaciones de que nos iban a encantar, como nos gusta explorar dijimos allá vamos.
Nuestros paseos y nuestras vacaciones siempre fueron así, cargar elementos de camping, cargar bolsos y definir: playa o montaña, norte o sur o con destino incierto.
Nuestras hijas estaban acostumbradas a este tipo de viajes y siempre volvíamos con un montón de anécdotas de los lugares que conocíamos, de los nuevos descubrimientos, de los amigos que hacíamos en el camino, pero siempre buscando ese lugar, el lugar donde iríamos a disfrutar de la vejez ,del retiro laboral. Buscábamos algo que no sabíamos, en la playa nos imaginábamos cómo sería estar fuera de temporada y lo descartamos. En el norte la distancia, lejos de la familia. El litoral, estábamos cerca de mis raíces y familia pero no terminamos de encajar. Las hijas crecieron, llegaron los yernos y el nieto, ya no vacacionamos juntos y nos fuimos olvidando de nuestros sueños.
Hasta que un día nos dimos cuenta que faltaba poco para la jubilación y que la más pequeña de mis hijas ya no es tanto y nuevamente comenzamos a soñar. Decidimos provincia y luego abrimos un mapa y empezamos a marcar y descartar, ciudades grandes no, un pueblo chico seguro que si. Así comenzó la búsqueda hasta que llegamos aquí.
Bastaron unos minutos, caminamos entre los árboles, escuchamos el murmullo del viento, veíamos como el sol se filtraba entre las hojas como si él también quisiera quedarse ahí por siempre. Pero ya sabíamos, este era nuestro lugar, al fin te encontré, acá estaba nuestro futuro. Y ahí mismo decidimos que cuando la vejez nos alcance queremos que nos encuentre aquí entre la tierra rocosa, el canto de los pájaros y la certeza de haber elegido bien.
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